Estos días he estado viendo la ola de guerras de palabras sobre las regalías de NFT, con debates como "hay que proteger a los creadores" y "la liquidez es la verdadera clave", discutiendo como si fuera una elección de bando. Mientras lo veía, me quedé un poco absorto: las tendencias van y vienen una tras otra, las emociones parecen ser manipuladas por otros, y al final no es que uno sea víctima del proyecto, sino que la atención misma te desgasta, entregando tiempo y energía, creyendo que estás "participando en la discusión".



Mi método torpe actual es: primero detenerse un momento, preguntarse qué realmente se quiere —¿ganar en la diferencia de precio en las transacciones?, ¿apoyar a algún creador?, ¿o simplemente temer perderse algo? Clarificar el objetivo, muchas impulsos de "hay que subir a bordo de inmediato" se enfrían. En pocas palabras, lo más caro en las tendencias no son las comisiones, sino el cansancio de cambiar narrativas, cambiar posturas, cambiar posiciones continuamente; cuanto menos se mueva uno, mejor; cuanto menos se persiga, mejor; primero hay que proteger la atención como si fuera un activo.
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